Carta a las parejas

Escrito por Mario Granados. Posted in Uncategorised

 

CARTA A LAS PAREJAS Y A LAS FAMILIAS:


"Les invito a probarnos a nosotros mismos; si en verdad amamos porque si lo hacemos, no deberíamos esperar nada del otro y solamente amarlo.

En este sentido comprender en ORA ACCIÓN que el amor se convierte en nuestra tarea diaria.

La tarea para quienes sufrimos del mal de “amor” es la siguiente:

Tomar la palabra en 1 de corintios 13 (1:13) y leer detenidamente cada versículo frente a nuestros comportamiento con los seres que “decimos amar”, analizando cada elemento como se define el amor y colocar en él el  ES de cada uno y el DEBER SER de la relación, con autocrítica y verdad escribiendo lo que surja en nuestro corazón dando como resultado un escrito para ser algún día entregado al otro, aunque es posible que ellos no lo entiendan por los prejuicios que tienen frente a nosotros.


“Si queremos aprender a amar debemos primero aprender a no esperar del otro nada a cambio”…



Les invito a amar a nuestras parejas bajo los preceptos del amor verdadero, el que genera paz y tranquilidad no el que genera angustia y zozobra.

Les invito al ayuno y la oración con el apoyo del Santo Rosario para comprender este misterio del amor que es el secreto del secreto de la felicidad. Porque solo a través del amor podemos intuir lo que el apóstol Pablo plantea en Efesios 4 (4:13):…

“He aprendido a contentarme con lo que tengo.  Sé lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es vivir en la abundancia.  He aprendido a hacer frente a cualquier situación, lo mismo a estar satisfecho que a tener hambre, a tener de sobra que a no tener nada.  A todo puedo hacerle frente, pues la Cruz de Jesús y María de Nazaret son quienes me sostienen"...

Una vez obtenida esta Sabiduría debemos colocarnos la armadura de Dios; Efesios 6 (10:20) para reiniciar la lucha con quienes alejan de nosotros el verdadero amor. Si este está en nuestra pareja actual la fuerza del Espíritu Santo derrumbará sus muros y aflorará para nosotros en libertad. Porque habremos aprendido a amar para liberar. El sufrimiento por el otro solo nos indica nuestra incapacidad de amarle.


LA ARMADURA DE DIOS:

 

Ánimo todos en esta importante misión de aprender a amar y no tengas miedo, yo tu Madre te daré la fuerza para seguir este camino. Si estudias en equipo la ruta del amor esta comprensión será mayor para que algún día, a tu pareja la que es o vendrá sea la que es antes de cualquier rito o pacto.

Procuren, pues, tener amor y al mismo tiempo ambicionen que Dios les de dones espirituales, especialmente el de comunicar mensajes de su parte...1 Corintios 14:1

El que confía en el Señor prospera.

Proverbios 28:25



TENER AMOR ES:



1.    Saber soportar…

2.    Es ser bondadoso…

3.    Es no tener envidia…

4.    Ni ser presumido…

5.    Ni orgulloso…

6.    Ni grosero…

7.    Ni egoísta…

8.    Es no enojarse ni guardar rencor…

9.    Es no alegrarse de las injusticias sino de la verdad…

10.     Tener amor es sufrirlo todo…

11.     Creerlo todo…

12.     Esperarlo todo…

13.     Soportarlo todo…

14.     El amor jamás dejará de existir…


Amad a vuestra pareja como la mayor bendición que Dios te da para acompañarte por el camino de la vida"...

 


CARTA A LAS FAMILIAS



“¡Que consuelo me ha dado esta jornada pasada en oración, en una sencilla y cordial fraternidad, en compañía de esta familia de la Fundación Ángeles por Colombia consagrada a Mí, y que por tanto me pertenece!

A hora deseo daros mi palabra consoladora, para que os sirva de aliento en medio de las cotidianas dificultades de vuestra existencia.

Yo os amo, estoy presente entre vosotros, os hablo y os conduzco porque sois los instrumentos de mi materno querer.

Yo miro con amor las familias consagradas a Mí.

En estos tiempos, recojo a las familias y las introduzco en lo íntimo de mi Corazón Inmaculado, para que encuentren refugio y seguridad, aliento y defensa.

Del mismo modo que me agrada ser invocada Madre y Reina de Dios, así también, me complace ser invocada Madre y Reina de las familias consagradas a Mí.

Soy la Madre y Reina de las familias.

Vigilo por su vida, tomo a pecho sus problemas, me intereso no solo del bien espiritual, sino también del bien material de todos los que la componen.

Cuando consagráis una familia a mi corazón inmaculado, es como si abrieseis la puerta de casa a vuestra Madre Celeste y la invitáis a entrar, le dais lugar para que Ella pueda ejercer su función materna de una manera cada vez más intensa.

He aquí por qué deseo que todas las familias cristianas se consagren a mi Corazón Inmaculado.

Pido que se me abran las puertas de todas las casas, para que pueda entrar y establecer mi materna morada entre vosotros.

Entonces, entro en ellas como vuestra Madre, habito con vosotros y participo en toda vuestra vida.

Ante todo me cuido de vuestra vida espiritual.

Procuro llevar a las almas, que componen la familia a vivir siempre en Gracia de Dios.

Donde Yo entro, sale el pecado; donde Yo moro están siempre presentes la Gracia y la Luz divinas; donde Yo habito, Conmigo habitan la pureza y la santidad.

He aquí porque mi primera misión materna, es la de hacer vivir en Gracia a los componentes de una familia y de hacerla crecer en la vida de santidad, a través del ejercicio de todas las virtudes cristianas.

Y puesto que el Sacramento del Matrimonio te da una gracia particular para haceros crecer unidos, mi misión es la de cimentar profundamente la unidad de la familia, de llevar al marido y a la mujer a una cada vez más profunda y espiritual comunión, de perfeccionar su amor humano, hacerlo más perfecto, llevarlo dentro del corazón de Jesús para que pueda sumir la nueva forma de una mayor perfección  que se expresa en pura y sobrenatural Caridad.

Refuerzo cada vez más la unión de las familias, las llevo a una mayor y recíproca comprensión, las hago sentir las nuevas exigencias de una más delicada y profunda comunión.

Conduzco a sus componentes por el camino de la santidad y de la alegría, que debe ser recorrido y construido juntos, para que puedan llegar a la perfección del amor y gozar así del precioso don de la paz en el hogar.

San Agustín solía decir:



¿Si no puedo dormir en paz en mi hogar?
Entonces: ¿En donde podré dormir en paz?


Así formo a las almas de mis hijos y, a través de la vida de la familia, las conduzco a la cima de la santidad.

Quiero entrar en las familias para haceros santos, para llevaros a la perfección del amor, para quedarme con vosotros, para hacer más fecunda y fuerte vuestra unidad familiar.

Después me cuido también del bienestar material de las familias a Mí consagradas.

El bien más precioso de una familia son los hijos.

Los hijos son el signo de una particular predilección de Jesús y Mía.

Los hijos deben ser deseados, aceptados, cultivados como las piedras más preciosas del patrimonio familiar.

Cuando entro en una familia, inmediatamente me cuido de los hijos, los hago también míos. Los tomo de la mano y los conduzco a recorrer la senda de la realización del plan de Dios, que desde la eternidad ha sido claramente trazado sobre cada uno de ellos; los amo, no los abandono jamás; se convierten en parte preciosa de la Madre.

Me cuido particularmente de vuestro trabajo.

No permito que jamás os falte la divina Providencia.

Tomo vuestras manos y las abro al plan que el Señor realiza cada día por medio de vuestra humana colaboración.

Así como mi humilde, fiel y cotidiana acción materna en la pobre casita de Nazaret hacía posible el cumplimiento del designio del Padre, que se realizaba en el crecimiento humano del Hijo, llamado a cumplir la Obra de la Redención para vuestra salvación, así también os llamo a secundar el designio del Padre, que se realiza con vuestra humana colaboración y por medio de vuestro cotidiano trabajo.

Vosotros debéis hacer vuestra parte como el Padre Celeste hace la suya.

Vuestra acción se debe unir a la de la Divina Providencia para que el trabajo produzca su fruto en aquellos bienes, que son útiles al sostenimiento de vuestra vida, al enriquecimiento de la misma familia, de modo que sus componentes puedan gozar siempre del bienestar espiritual y material.

Luego os llevo a realizar el designio de la Voluntad de Dios. Así vuelvo el trabajo espiritualmente más fecundo, porque lo convierto en fuente de méritos para vosotros y en ocasión de salvación para tantos pobres hijos míos perdidos.

Entonces vuestra acción se une al amor, el trabajo de la oración, la fatiga a la ardiente sed de una cada vez mayor caridad.

Así con vuestra colaboración al Querer del Padre, componéis la obra maestra de su Providencia que, por medio de vosotros, se hace concreta y cotidiana.

No temáis: Donde Yo entro, Conmigo entra la seguridad.  No os faltará nunca nada. Hago más perfecta vuestra actividad. Purifico vuestro mismo trabajo.

Participo también en todas vuestras preocupaciones.

Sé que hoy son muchas las preocupaciones de una familia.  Son vuestras y se hacen mías.

Comparto con vosotros vuestros sufrimientos. Por esto en los tiempos tan difíciles de la actual purificación, estoy presente en las familias a Mí consagradas, como Madre preocupada y afligida, que realmente participa en todos vuestros sufrimientos.

Consolaos, pues.

Éstos son mis tiempos. “Estos”, es decir, los días que vivís son “míos” porque son tiempos señalados por una grande y fuerte presencia mía.

Estos tiempos se harán tanto más “míos”, cuanto más se extienda y se haga más fuerte mi victoria, que ahora es de mi Adversario.

Esta presencia mía se hará mucho más potente y extraordinaria, sobre todo, en las familias consagradas a mi Corazón Inmaculado.  Será advertida por todos, y se convertirá para vosotros en fuente de una particular consolación.

Avanzad, pues, en la confianza, en la esperanza, en el silencio, en vuestro trabajo cotidiano, en la oración, y en la humildad.

Avanzad cada vez más en la pureza y en la recta intención; avanzad Conmigo por el difícil camino de la paz del corazón, y de la paz en vuestras familias.

Si camináis todos por la vía que os he trazado, si escucháis y practicáis cuanto hoy os he dicho, vuestras familias serán los primeros brotes de mi triunfo: pequeños, escondidos, silenciosos brotes, que ya despuntan en todas las partes de la tierra como si anticipasen la nueva era y los nuevos tiempos, que ya están a las puertas.


A todos os animo y os bendigo”…


Recordad siempre lo siguiente:

Cuando escuchéis decir al Sacerdote: “Este es Jesús el cordero de Dios que quita el pecado del Mundo”…

Permitid que yo os susurre al oído: “Esta soy yo; la Madre, quien te acompaña en el camino hacia Jesús la Luz del Mundo”…

María de Nazaret

Alocución Interior al Padre Esteban Gobbi

Libro Movimiento Sacerdotal Mariano